LA BATALLA DE PUEBLA

Terminada la larga y sangrienta lucha denominada “Guerra de Tres Años”, y elegido como Presidente Benito Juárez para el período 1861-1865, el gobierno mexicano se encontraba sin recursos con qué atender los gastos más urgentes de la administración pública, ya que de los ingresos que se percibían, el 91% se destinaba al pago de la deuda externa y al sostenimiento del ejército.
Dadas esas circunstancias, el 17 de junio de 1861, el gobierno se vio obligado a sus pender por dos años el pago de todas las deudas públicas, a fin de nivelar su presupuesto y atender las necesidades básicas de la población y del país.
La suspensión de pagos a las naciones extranjeras, fue solo el pretexto que cristalizó la idea de intervenir nuestro país; pues los conservadores mexicanos que, habiendo perdido la esperanza de recuperar el poder por si mismos, habían recurrido a las cortes europeas en demanda de apoyo, con el fin de traer un príncipe extranjero a gobernarnos.
Francia, Inglaterra y España, principales acreedores, se ponen de acuerdo (Convención de Londres, 1861) para intervenir el país y asegurar el pago de su deuda. Los representantes de las tres potencias enviaron un ultimátum al gobierno de Juárez, en el que le pedían el pago de sus deudas y la satisfacción de los “daños” hechos a sus representantes diplomáticos. Juárez contestó a este manifestando sus deseos de llegar a un arreglo amistoso, e invitando a los representantes de las mismas a tener una conferencia con el Ministro de Relaciones Exteriores de México Manuel Doblado, para determinar el monto de la deuda. También derogó la ley por la cual se había declarado suspendido el pago de la deuda exterior, y declaró “traidores a la patria” a los mexicanos que apoyaban la intervención.
Las naciones aliadas aceptaron la propuesta de Juárez y en febrero de 1862 en el pueblo de La Soledad, se reunieron el General Primm, representante de los aliados y Manuel Doblado representante de México. En estas conferencias preliminares, se aprobaron los siguientes puntos:
- El reconocimiento del gobierno de Juárez.
- La declaración de que las potencias respetarían la integridad y la independencia nacional.
- Las negociaciones se llevarían a cabo en Orizaba, y las fuerzas aliadas establecerían sus cuarteles en las ciudades de Córdoba, Orizaba y Tehuacan.
- En caso de declararse rotas las relaciones, las tropas aliadas volverían a los puntos que inicialmente ocupaban en la costa de Veracruz.
A principios de marzo de 1862 llegó a Veracruz el conde de Laurencez con nuevos refuerzos para los franceses. También llegó el general Almonte, que se declaró jefe supremo de la nación y otros conservadores identificados como enemigos del gobierno liberal, quienes habían asegurado a los franceses que, al presentarse las fuerzas intervencionistas una gran parte del pueblo mexicano se levantaría en armas para destruir a Juárez, situación que no sucedió.
Cuando los representantes de Inglaterra y España se dieron cuenta que el propósito de los franceses era derrocar al gobierno de Juárez para traer después a gobernar a un representante suyo, declararon rota la alianza (abril de 1862), y después de arreglar satisfactoriamente sus respectivas reclamaciones con el gobierno de Juárez, decidieron reembarcarse con sus tropas.
El ejército francés en cambio, se negó a retroceder a sus posiciones iniciales como había convenido, y el conde Laurencez ordenó el avance de su ejército hacia el interior del país. Dicho ejército estaba compuesto de 6 mil hombres, perfectamente armados y disciplinados, con abundantes víveres y municiones, y eran considerados el mejor ejército del mundo.
Laurencez creía fácil vencer al ejército mexicano, por lo que sin previa declaración de guerra y sin tomar las precauciones necesarias, ordenó el asalto a los fuertes de Loreto y Guadalupe, que defendían la ciudad de Puebla.
El general Ignacio Zaragoza, al mando del ejército mexicano compuesto de 4 mil 800 hombres, se fortificó en la ciudad de Puebla para detener el avance del ejército invasor que fue rechazado con grandes pérdidas al intentar repetidas veces tomar las fortificaciones, teniendo al fin que abandonar el campo y retirarse vencidos y perseguidos por la caballería mexicana.
La noticia del triunfo de las armas republicanas en Puebla llenó de entusiasmo a todo el país; sin embargo si militarmente la batalla del 5 de mayo no detuvo el avance del ejército francés; moralmente levantó a la República del concepto de desánimo y cobardía en que sus enemigos la suponían hundida.
Hay dos importantes razones en el gran significado que tuvo la batalla de Puebla por México. Por un lado, el frente unido de la población mexicana, reforzó la identidad nacional. Por otra parte, la experiencia de la invasión francesa contribuyó a definir algunos de los principios fundamentales de al política exterior de México, vigentes en las elaciones internacionales:
- El respeto por la soberanía y la integridad territorial.
- La no agresión.
- La no interferencia en los asuntos internos de otros estados, la conciliación de las diferencia a través de la negociación y no a través de la fuerza, y
- La coexistencia pacífica.
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