(771) 717-02-13
01-800-22 SALLE (72553)
 
Contacto Preguntas frecuentes
informes@lasallep.edu.mx  
Mensajes para el Rector
Inicio
 
   
Regresar

DÍA DE MUERTOS

 

 

 

         Las ceremonias del día de muertos   alcanzan en México especial relevancia. A las almas de los muertos se les venera y se les hacen ofrendas; estos actos han dado origen a ritos y ceremonias que llevan implícitas normas tradicionales que controlan la conducta de los individuos de la comunidad, refuerzan los lazos familiares, los de parentesco ritual y los de amistad.

         Desde la época prehispánica, el culto a la muerte ha estado ligado indisolublemente a la vida del mexicano, la respeta; pero al mismo tiempo juega con ella y ante lo inevitable adopta una actitud humorística

     

 

 

 

 

 

 

      De esta manera crea representaciones de la muerte que desbordan la imaginación y la convierten en un fenómeno despojado del dramatismo que implica, utilizando para ello una serie de materiales diversos como: azúcar, papel, alambre, semillas, barro, cartón y otros.

      Las ofrendas a los muertos que se colocan en las casas mexicanas, en el mes de noviembre, manifiestan el deseo de compartir las cosas buenas de la vida a las que los muertos ya no tienen acceso.  En esos días se reafirma la presencia de los que ya se fueron y quienes al participar de la vid similar en espíritu, vuelven a estar presentes

 

FIESTAS PREHISPÁNICAS

 

      Existían en la época prehispánica dos fiestas dedicadas al culto de los muertos y que correspondían  a los meses noveno y décimo del calendario náhuatl.

 

      El primero de esos mese de veinte días se llamaba Tlaxocohimaco y se celebraba la fiesta de Miccailhutontli, que estaba dedicada a los niños muertos, se iniciaba el 8 de agosto del calendario cristiano.  Su símbolo era un bulto mortuorio y la ceremonia principal consistía en cortar un madero llamado Xócolt que era traído  la entrada de la población donde se le recibía con gran solemnidad y al cual se le ponían ofrendas siendo objeto de cantos y ceremonias durante los veinte días.

 

      El segundo de los meses se llamaba Xócotl Huetzi y la fiesta Hueymiccailhuitl, empezaba el 28 de agosto y en ella se festejaba a los muertos adultos.  La ceremonia principal consistía en recoger el madero que se había cortado el mes anterior y trasladarlo al patio del templo en donde se adornaba profusamente, colocándole un pájaro de masa en la parte superior.  Antes de derribar el madero se ponía una ofrenda de comida y pulque debajo de él.

 

 

TODOS SANTOS

 

      Como consecuencia de la evangelización en el siglo XIV se introducen nuevos conceptos acerca de la muerte y de los lugares a los que va el alma de los difuntos.  Sin embargo, algunas de las creencias prehispánicas han continuado en los grupos indígenas actuales mezcladas con elementos del cristianismo.

 

      Uno de los cambios más significativos se dio en la modificación de las fechas en las que se celebra  a los muertos, de los dos meses correspondientes al calendario prehispánico se trasladó la fiesta a dos o tres días, que corresponden a las festividades de Todos Santos y Fieles Difuntos, es decir el 31 de octubre y 1º y 2 de noviembre.

 

 

 

 

 

      Al acercarse el mes de noviembre los campos se llenan de cempoaxsuchitl, anunciado que todo debe arreglarse para recibir a los muertos; preparándose la comida, las ofrendas, las velas, las flores.

 

      En los tianguis y mercados, la muerte se transforma hasta convertirse en un juguete, en pan, en dulce, en múltiples objetos con los que jocosamente  el mexicano se divierte convirtiendo en fiesta un acontecimiento trágico.

 

      Cada una de las regiones de México tiene su forma particular de ofrendar y celebrar a sus muertos.  En las comunidades indígenas los muertos son ofrendas colocadas en altares familiares y se les visita en el panteón donde también se colocan ofendas de flores o comida.

 

      El culto a los muertos no es un fenómeno rural exclusivamente, en las grandes ciudades, como la de México, en estos días se pueden encontrar gran cantidad de manifestaciones de este culto: juguetes, esculturas, alimentos, calaveras políticas, representaciones humorísticas como las de la panadería, ofendas, altares y otras.

 

      La ofrenda es la culminación de un ciclo que empieza con la muerte del individuo y continúa con las ceremonias relacionadas con el entierro y otras como la “levantada de la cruz” que se realiza en  mayor parte de las poblaciones nahuas después de 8 o 9 días de la muerte.

 

      La ofrenda significa compartir con los parientes muertos, que en noviembre acuden a su antiguo hogar a disfrutar de las buenas cosas que en su situación y recinto de difuntos les son negadas.

 

 

 

 

 

      En las ofrendas se encuentran una serie de elementos siempre presentes: flores, pan, velas, imágenes religiosas, frutas, comida, bebidas, tabaco, papel, dulces, sahumerios y copal.

 

       En algunos casos se colocan en las ofrendas fotos de los muertos, juguetes, ropa, instrumentos de trabajo, instrumentos musicales y otros objetos que fueron apreciados por ellos en vida.

 

      Podemos concluir que en las fiestas del mes de noviembre la dualidad

vida-muerte aparece indisolublemente ligada a la realidad del mexicano desde tiempos prehispánicos.

 

 

 

 

Ma. Olimpia Farfán Morales.

Ma. Cristina Suárez y Farías.

Departamento de Etnografía.

Museo Nacional de Antropología

 

 

 
Universidad La Salle Pachuca 2008