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LA  FERIA  DE  SAN  MARCOS  EN  AGUASCALIENTES

 

 

 

México es poseedor de un hermoso mosaico festivo, el cual se conforma con todas las ferias que a lo largo del año se celebran en nuestro territorio.

 

Las ferias están arraigadas en el sentimiento nacional; son una expresión alegre y natural del gusto mexicano.

 

Entre las ferias esplendorosas, la de Aguascalientes ha destacado siempre como la más representativa de la tradición festiva de México.

 

Nuestras ferias, a semejanza de las de España, se conformaron inicialmente como mercados extraordinarios para comerciar mercadería procedente de diversas regiones mexicanas, así como de Europa y Asia.  Sin embargo, las más importantes de las que persisten, encuentran su fuente en motivos religiosos.

 

Tal es el caso de la Feria de San Marcos la cual debe su nacimiento a la devoción y reverencia al santo patrono de un pueblo humilde de indígenas chichimecas, aledaño entonces a la orgullosa Villa de Nuestra Señora de la Asunción de las Aguas Calientes y fundada en 1604 bajo la protección de Marcos, el evangelista ilustre. Por sus antecedentes figura entre las más antiguas de México.

 

Por brotar de un sentimiento religioso, la Feria de San Marcos se engrandeció y con el tiempo habría de convertirse en prototipo de lo que es y debe ser la feria mexicana: una manifestación espontánea y festiva del espíritu nacional que integra su perfil con elementos diversos, lo mismo del sentimiento espiritual que del arte, la cultura, la gastronomía, el folclor y el comercio de productos agrícolas, artesanales, industriales y pecuarios.

 

 

La Feria de San Marcos es, por ello,  una tradición nacional que por celebrarse en el centro geográfico de nuestro territorio, constituye una acabada expresión de lo que en la vida de provincia somos y queremos ser todos los mexicanos, aún cuando abandonamos las tareas cotidianas.

 

Pero no se piense que la feria es un acto informal; por el contrario, se trata de un evento social formalmente atendido y cuidado. Por siglos los aguascalentenses han puesto el mejor de sus esfuerzos para pulirla y superarla porque están conscientes de que es una forma de convivencia grata,  espejo de la hospitalidad del pueblo de Aguascalientes.

 

Así, a lo largo de la historia, las diversas generaciones de habitantes de Aguascalientes, le han impuesto el sentir de sus tiempos.   Es así como en el siglo XVIII se significó por su profundo sentido religioso y esplendor comunal.  En el siglo XIX, en el México Independiente, se acentuó su sabor regional.  Para el siglo XX, conservando huellas fundamentales de un pasado esplendoroso se mostró como el Aguascalientes pujante y laborioso de hoy, y en este siglo XXI se continúa la tradición con eventos culturales y artísticos de trascendencia, además de todas las otras manifestaciones ya conocidas.   

 

 

La historia es algo más que un breviario anecdótico de fechas y datos; cada capítulo tiene un contenido social y humano. Por eso la Feria de Aguascalientes es un  eco vibrante del espíritu aguascalentense decantado y purificado por el tiempo. Pero sobre todas las cosas, sigue siendo manifestación magnífica de lo que hoy significa para México todo Aguascalientes: orgullo nacional e histórico, superación pujante y alegría de sentirse y de ser mexicano.

 

La Feria de San Marcos ha sido, es y será la expresión genuina del sentimiento mexicano de nuestra tradición festiva.  

 

 

 

Tradiciones Mexicanas.

Sebastián Verti.

Ed. Diana.

   
 
Universidad La Salle Pachuca 2007