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Guelaguetza es una palabra zapoteca que significa ofrenda. Actualmente es una fiesta en la que los participantes reparten obsequios a los asistentes. Esta celebración tiene su origen en los ritos prehispánicos en honor de Centéotl, la diosa del maíz.
Con el arribo de los españoles y la religión cristiana, los monjes franciscanos y los dominicos prohibieron las prácticas dedicadas a la Diosa Centéotl, destruyeron el teocali, y en su sitio construyeron el templo católico dedicado a la Virgen del Monte Carmelo y obligaron a los recién bautizados mixtecos y zapotecos a que le rindieran culto, lo cual resultó relativamente fácil porque la figura femenina de la deidad, para ellos, solo cambió de nombre, en vez de la Diosa Centéotl, era la Virgen del Carmen.
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Esta celebración se lleva a cabo los dos lunes posteriores al 16 de Julio día de la Virgen del Carmen y se realiza en el Cerro del Fortín, por lo que recibe el nombre de Lunes del Cerro.

En esta celebración se puede apreciar una interminable aparición de trajes regionales que ven desde la vestimenta de los Mazatecos y Serranos, hasta la extraordinaria elegancia de las Tehuanas, pasando por el multicolor arcoiris de las faldas de las mujeres de Pochutla, Pinotepa Nacional y Tuxtepec, quedando representadas las siete regiones que conforman el mosaico indígena oaxaqueño.
El marco musical se expresa con los jarabes del Valle, la Tortolita cantadora, Flor de Naranjo de Liz, Flor de Piña, los sonoros zapateados de las chilenas, los picarescos versos de Pinotepa Nacional que hacen reír y silbar escandalosamente al público que desde las siete de la mañana se ha dado cita en los accesos libres para el pueblo de Oaxaca.

Los visitantes y público que ocupan las secciones más cercanas al tablado, van de sorpresa en sorpresa, y el regocijo es mayor cuando reciben de manos de los bailarines al término de su presentación, los regalos artesanales y las frutas propias de cada región cuyos bailes se interpretan.
Mención especial merece el gigantesco coro que interpreta la Canción Mixteca de López Alavez, y que enmarca uno de los mas preciosos jarabes que se conocen, el Mixteco.
La belleza de la mujer oaxaqueña se representa con la delegación del Papaloapan, que en la interpretación de sus bailes, la coordinación de sus movimientos y los mismos trajes parecen ser uniformes, pero son distintos, de origen chinanteco e ixcateco, saludan al pueblo y reciben el aplauso frenético de su presentación.
El ofrecimiento de los bailes finaliza con la Danza de la Pluma, su música marcial despierta en la memoria de los asistentes la vieja y frustrada lucha del indígena y el conquistador español. Sus penachos y su tela multicolor conservan en el filo de sus asientos al público que se mantiene estático en un ambiente mágico que los traslada a los patios y palacios de Monte Alban y Mitla.

La fiesta termina y queda en el corazón de los asistentes el recuerdo de un pueblo fiel a su raíz indígena, a sus costumbres y a sus tradiciones pero confiado en el futuro promisorio que se abre a los pueblos pujantes y trabajadores como el oaxaqueño.
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